El maricón homófobo.

04 julio, 2017

CUANDO LA FAMILIA NO APOYA

Édouard Louis (luego explico quién es y porqué su foto está aquí)

NOTA 1: Esto lo escribí hace prácticamente un año y hasta ahora no me he visto con fuerza para publicarlo.

NOTA 2: Es difícil empezar a escribir esto y tampoco sé muy bien cómo hacerlo así que simplemente dejaré que mis pensamientos fluyan. Lo siento si esto acaba siendo un caos.

Llevo tiempo dándole vueltas a este mensaje con el que nos bombardean a las personas LGTB desde pequeños. Nos lo dicen de muchas maneras pero básicamente se resume en que nuestras familias nos quieren incondicionalmente y nos van a apoyar cuando salgamos del armario. Me parece un mensaje cuanto menos problemático. 

Dejadme que os cuente una historia. Desde que tengo memoria he tenido problemas con  mi padre por los juegos a los que quería jugar, por la ropa que me gustaba, por tener más amigas que amigos y en definitiva por ser yo y que me atrajeran cosas que esta sociedad cataloga como cosas de niñas. A lo largo de mi infancia sentí muchas veces esas miradas de decepción por parte de mi padre y ahora entiendo que cada vez que me veía jugando con una Barbie sentía dañada su masculinidad al no estar criando a un tío hecho y derecho. Así funciona esta sociedad y estos son sus estragos.

De esta forma fui creciendo y según pasaban los años también crecía un muro entre mi padre y yo. Me vienen demasiados momentos a la cabeza en los que sentí que ese muro iba creciendo pero el que más marcado tengo es este:  Un día por la tarde estaba solo en casa, tendría unos once años. Entré al baño de mis padres y vi el neceser de mi madre lleno de maquillaje y decidí pintarme los ojos (de una forma desastrosa, por cierto). Me miraba al espejo y me encantaba. De repente oigo el sonido de la puerta de la entrada y corro a lavarme los ojos, pero por aquel entonces no sabía que existían los productos waterproof. No puedo explicar con palabras la expresión de mi padre al verme, solo se que ese día el muro llegó a un punto de no retorno y a partir de ahí empezó una de las peores etapas de mi vida.

A esas edades creo que todos sabréis que te empiezan a interesar cosas que antes no te interesaban y entre ellas está el sexo. Ese gran desconocido del que nadie te había explicado nada. Te empiezas a hacer preguntas y quieres entender como funciona todo ese tema. Resumiendo, empecé a ver porno. Consumir porno no tendría que haber sido un problema con mi padre, el problema fue que era porno gay. Cuando descubrió uno de esos vídeos en mi Alcatel todo empezó a ir peor. Todos esos amigos que antes se pasaban las tardes en mi casa ya no podían venir si él no estaba. Y por descontado yo no podía ir a las suyas. 

Unos meses después le diagnosticaron un cáncer y todo el dolor y rabia que le producía la enfermedad lo estuvo volcando en mí durante un largo y duro año. Sin entrar en detalles, fue uno de los peores años de mi vida. No solo por ver a mi padre enfermo. También por sentir que estaba decepcionando a mi padre enfermo por ser yo. Después de varias operaciones le dieron poca esperanza de vida y cuando ya todos sabían que se iba a morir me llevaron a su habitación donde llevaba semanas sufriendo y tuvimos una conversación. En esa conversación me dijo que me quería, a pesar de todo.

Recuerdo ese momento como el más duro de mi vida, pero también recuerdo el alivio que sentí al escuchar que me quería. Llevaba más de un año sintiendo que mi padre que estaba enfermo me odiaba y sintiendo que era mi culpa. En ese momento, esa conversación significó para mí un punto y a parte y una manera de olvidar lo malo y quedarme con lo bueno. Unas semanas después murió.

Al morir, nos mudamos a Las Palmas con la familia de mi madre. Allí al principio todo parecía muy bonito, pero poco tardó en salir la mierda, por parte de un hombre de la familia de mi madre. A partir de ahora me voy a referir a él como X. 

Por ese entonces surgió Messenger y empecé a moverme de verdad por el mundillo del Internet. X era informático e instaló algo en mi ordenador que le permitía ver todo lo que yo hacía en él (de esto me enteré mucho después). Así pasaron los primeros años llevándome broncas cada dos por tres por parte de ese señor que poco pintaba en mi vida por el tema de la pornografía. Peor fue cuando surgió Tuenti. Tuenti me abrió un nuevo mundo y empecé a conocer gente fuera de mi círculo cercano. Creé relaciones con otros chicos gays de la isla y X no podía permitirlo. Ya no solo era que viese porno gay. Me relacionaba con gays. Quién sabe, igual hasta tenía sexo gay. Y eso para él era demasiado.

A partir de ahí empezó a enseñarle a mi madre las conversaciones que yo mantenía con mis amigos por Internet y a meterle en la cabeza que no era normal que me relacionase con esa gente. (A todo esto hay que añadir que mi madre a parte del duelo por el fallecimiento de su marido estaba pasando por problemas serios con el alcohol y estaba en un momento muy vulnerable y era fácil de manipular. Y X lo sabía). Y así fueron pasando otros varios años de mierda con castigos sin sentido y el desprecio de mi familia. Un día de esos en los que me estaba llevando una bronca vete tú a saber por qué, X me confesó que todo esto lo hacía porque le había prometido a mi padre "llevarme por el buen camino".

Y entonces lo peor de todo. Los problemas de mi madre con el alcohol llegaron a un punto insostenible y aprovechándose de eso X mató dos pájaros de un tiro. Nos mandó a una especie de centro de rehabilitación cristiano (voy a ahorrarme poner el nombre, pero es bastante conocido) donde avisó de que yo era gay, por supuesto. Supongo que para que me curaran o alguna mierda de estas que se le pasa por la cabeza a estos especímenes. Y allí pasé el peor mes de mi vida. El mes más largo y duro de mi vida. 

Allí había una casa para los niños y las chicas que los cuidaban, otra para las niñas y por otro lado otra para las madres. ¿Donde vivía yo? En ninguna de ellas. Me llevaron a una casa con una pareja  cristiana y horrible porque claro, yo no podía vivir con los niños. ¿Y si les pegaba el mariconismo? Durante ese mes solo me dejaban ver a mi madre y a mi hermana durante unos minutos al día. Los niños no podían estar mucho con las niñas porque eso no es de niños. Pero yo tampoco podía estar con los niños porque les pegaba el mariconismo. ¿Con quién estaba entonces? Solo.

Al cabo de un mes mi madre se dió cuenta de todo lo que estaba sufriendo allí y decidió que no era un lugar donde debíamos estar. Vinimos a vivir Asturias y aquí seguimos. Desde entonces, por supuesto, he seguido teniendo problemas con otras personas de mi familia por ser quien soy, pero creo que con lo que ya he contado es suficiente para entender a donde quiero llegar. 

Entiendo que hay personas a las que su familia les apoyan incondicionalmente. Y de verdad, me alegro mucho por vosotros, sois muy afortunados. Pero creo que es necesario dejar de mandar este mensaje a los jóvenes. No todas las familias van a apoyar a los niños LGTB. Y si les seguimos diciendo que sí, van a crecer frustrados y sintiendo que la culpa es suya. Yo todavía arrastro serios problemas de confianza porque las personas en las que me dijeron que tenía que confiar me fallaron y acosaron durante años. ¿Siento que mi padre no me quería? Pues no, sé que me quería, pero no me quería bien y es lo que tenemos que enseñar a los pequeños. Da igual todo lo que te quieran si te quieren mal.

Lo que quiero decir es que si eres una persona LGTB y tu familia no te apoya, aunque en este momento no lo parezca, hay más mundo y hay personas maravillosas que te van a querer tal y como eres. El problema lo tienen ellos y no tú. Quiero que lo tengas presente siempre. Si te sientes solo y crees que no tienes nadie con quien hablar yo estoy dispuesto a escucharte y apoyarte en todo lo que pueda. Me puedes escribir por cualquiera de mis redes sociales o enviarme un email a holadanigallagher@gmail.com.

Y por último, ¿quién es Édouard Louis y por qué pongo su foto en este post? Édouard Louis es un escritor francés que a los 21 años publicó su libro Para acabar con Eddy Bellegueule. En él cuenta su infancia y los problemas que tuvo con su familia por ser gay. Es un libro que recomiendo a toda persona LGTB que no se sienta apoyada por su familia. Es muy duro de leer, pero deja un mensaje esperanzador. ( Dejo por aquí un post que hice hace tiempo hablando sobre él, por si a alguien le interesa). Así habla Édouard sobre él:

Antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.


1 comentario

  1. pues realmente tienes mucha razón, no todas las familias apoyan a sus hijos al salir del closet y eso va de la mano con que no todas reaccionan igual cuando estos salen de el, incluso dentro de la misma comunidad lgbt se maneja ese mismo dicho de que tu familia te apoyara siempre cosa que es falso, a veces como una manera de alentarte para dar el paso.

    Eres un Valiente.

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