El maricón homófobo.

11 julio, 2016

Ser una foca no es un delito.


¿Te estremeces al leer la palabra "gordo"? ¿Te parezco grosera o poco delicada al pronunciarla? En las dos últimas generaciones se ha convertido en una palabra con una carga abrumadora. Cuando aparece en una conversación, la gente se asusta como si sonara una alarma, y despierta un rechazo comprensivo y temeroso: "¡No estás gorda! ¡Por supuesto que no estás gorda! ¡Cariño, no ESTÁS GORDA!" cuando la persona está clara e indiscutiblemente gorda y lo único que quiere es hablar de ello.
La mayoría de las veces, sin embargo, se utiliza como un arma para detener en seco una conversación: "Cállate, bruja gorda." Silencio.
La acusación de gordura ha reemplazado a insultos como gay o lesbiana en lugares como el parque. Se considera, por lo general, la Hiroshima de los agravios: la bomba que, una vez lanzada, obliga a la rendición inmediata del acusado. Si puedes responder de manera contundente: "Sí, bueno, al menos yo no estoy gorda", es que formas parte de los Aliados y es que has ganado.
La recriminación es tan potente que funciona aunque no exista una base real. He visto cómo reducía al silencio a mujeres de la talla 38, como si el acusador hubiera percibido en ellas un aura de gordura secreta o supiera que algún día llegarían a ser gordas, y les llamara la atención por ello.



Así habla Caitlin Moran sobre la palabra "gordo" en Cómo ser mujer. Proclamamos que todos los físicos son bonitos. Les decimos que no están gordas a esas personas que claramente lo están. Es comprensible que hagamos esto. La sociedad en la que vivimos nos hace creer que ser gordo es algo malo. Es lógico que si alguien a quien queremos nos dice que está gordo nos apresuremos a decirle que está equivocado. Pero que sea lógico no quiere decir que esté bien.

Nos empeñamos en decir "eres guapo" para subir la autoestima a los demás cuando deberíamos decirles que no es necesario que lo sean. Y que no serlo no les hace menos válidos. Nos empeñamos en hacer que otros se sientan bien con comentarios banales cuando deberíamos entender que nuestra autoestima no debería depender de si somos guapos, gordos, feos o flacos. No se vosotros, pero yo soy mucho más que la piel que me rodea. MUCHO MÁS. Censurando palabras como "gordo" solo ayudamos a perpetuar el tabú que hay alrededor de ellas. Como bien dice Caitlin, debemos repetirlas una y otra vez hasta que pierdan todo el valor negativo que los años les han dado. Que ser una jodida foca no es un delito, señores. Que un cuerpo no puede definir la validez de una persona que es un millón de cosas más que ese envoltorio. Y que la belleza de ese envoltorio depende de los ojos que lo miren porque por muchos estándares de belleza que queráis imponernos, no existe nada más subjetivo en esta vida.



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